Después de casi un año de romance, ella insistía en rotular la relación como 'algo más'. Él estaba seguro de que no quería noviazgo "ni con vos ni con nadie", según le había aclarado en diferentes oportunidades. Pero cuando una está enamorada ve sólo lo que quiere ver, por eso ella vivía ilusionada con que algún día él cambiaría de opinión. Y por más de que ella se esmeraba en ser paciente -pensaba que todo era cuestión de tiempo-, un día no aguantó más. Él había salido el domingo con los amigos; el lunes tenía gimnasio; el martes, cena familiar; el miércoles, after con los del trabajo; el jueves era si o si 'día de fútbol'; el viernes tendría un cumpleaños; el sábado recibiría en su casa a un amigo que venía de España... A ella, ¿cuándo la vería?. - "No tengo tiempo", dijo la voz masculina al otro lado del teléfono. - "¿Sabés qué?, yo ya no aguanto esta relación porque yo te quiero, ¿sabés? ¡TE QUIERO!" aclaró la joven y lo remarcó varias veces ya que era la primera vez que se lo decía. Para cuando cortó con la llamada se dio cuenta de que había cortado algo más.
No está bueno conformarse con lo que no nos satisface...
"I'm not your consolation prize" (de la película When Harry Met Sally)
Ellos llevaban varios meses saliendo, pero se conocían de mucho antes. De hecho, ella podía recitarle de memoria las novias que él le había presentado cuando eran sólo amigos y también podía hacerle una lista completa de las amantes que intentaba ocultarle. La fama de "mujeriego" que él llevaba a cuestas, no era en vano. Semejante prontuario no le había impedido a ella jugarse por su amor, aunque siempre mantenía la llama de los celos encendida: el miedo de que él pudiese recaer en sus andanzas y engañarla, la acosaba.
Una noche, estaban en una fiesta en la casa de un amigo de él, cuando ella ve salir a su amado del baño acompañado de una supuesta 'muy amiga'. "¿Estaban en el baño juntos?". El pensamiento recorrió su mente como un relámpago y no terminó de procesar la idea que ya los estaba encarando a ambos con la furia de una leona. Él intentaba apaciguarla con un "te juro que no es lo que pensás", pero nada podía hacerla cambiar de opinión y al grito de "me estabas engañanado en mi propia cara" intentaba, con su metro sesenta, enfrentar al macho de metro ochentaypico que hasta entonces había sido su novio. La tercera en cuestión no se quedó atrás y trató de meter bocado explicando "sólo entré porque me estaba haciendo pis encima", sin embargo la pequeña dama enfurecida no atinó más que a revolearle lo que tenía a mano: su cámara de fotos (al mejor estilo Su Giménez lanzando por los aires el cenicero en dirección a Roviralta).
Después de una fiesta arruinada, una cámara de fotos menos -que además hizo añicos una mesa de vidrio del dueño de casa-, un novio que pasó a ser ex y el 'papelón de su vida' a cuestas, comprendió que los celos son inseguridades, que las inseguridades te hieren el alma y que cuando una tiene el alma herida se 'saca de quicio'...
... como le pasó a Mildred (Bette Davis en Of Human Bondage)
"You cad! You dirty swine! I never cared for you, not once! I was always making a fool of you. You bored me stiff. I hated you. It made me sick when I had to let you kiss me. I only did it because you begged me, you hounded me and drove me crazy! And after you kissed me, I always used to wipe my mouth. Wipe my mouth!"
Ellos se conocieron en el cumpleaños de un amigo en común. El único conocido que ella tenía en la fiesta era el cumpleañero. Él, en cambio, era amigo de todos. El flechazo fue instantáneo, él se acercó y comenzó una charla que hubiese durado toda la noche, pero también hubo baile, así que bailaron y se acercaron y, además de charlar, chaparon. Entusiasmados, encendidos y algo alcoholizados, se retiraron juntos a la casa de él. Y luego de una noche de pasión, amanecieron -resaca mediante-. Él le propuso prepararle un desayuno, pero a ella, tal vez por miedo, tal vez por vergüenza, la asaltaron unas irreversibles ganas de huir. En el trayecto que duraba el viaje en ascensor, ella se arrepintió, pero siguió adelante con su decisión, él le había gustado demasiado y eso la ponía nerviosa. Él la acompañó hasta el taxi y mientras ella subía, él esbozó un ligero "Nos vemos". Y fue en ese instante que ella supo que no se verían más...
Para mí, la música es como una caricia que se oye, por eso hoy me doy el gusto de mimarme con 5 hombres que pueden hacerme temblar a través de una canción. Ellos tienen las voces más sexies según mis oídos...
Si hay una entrada que merece introducción es ésta, porque no se puede contar un desenlace sin una presentación previa. "Haceme la introducción", reclama una amiga mía cada vez que empiezo por contarle el suceso en la mitad de lo acontecido.
El tema es así: las rupturas nunca son buenas, por más que lo pretendan y que sucedan en armonía, siempre hay alguien que llora y la pasa mal aunque, después, terminen siendo 'lo mejor que te pasó en la vida'. Por eso, pensé que se merecerían una sección en este blog (It's not you it's me). Pero, además, hay rupturas muy muuuuy muuuuuuuuuuuuy malas, así que me decidí a inaugurarla contando una propia: una de las peores que recuerdo. Fue a mis veintipiquitos, hacía unos cuantos meses que salía con un chico pero me había ido de vacaciones con una amiga. Al cabo de unos días en el lugar de veraneo, se me ocurre "revisar mails", entonces voy al locutorio -si, sucedió en una época sin smartphone- y mientras reviso los mails, veo al muchacho en cuestión conectado al MSN y decido saludarlo... Claramente, el pibe no tenía la más mínima gana de 'hablar' conmigo, por lo que nuestra conversación vía chat devino en planteo y, un par de frases más tarde, finalizó con un "no tengo ganas de esto, no quiero salir más con vos" de su parte. Sí, así es, ¡me cortó por messenger! En su momento no pude creer lo patético pero, años más tarde, lo recuerdo hasta con alegría porque gracias a ese corte disfruté desopiladamente de mis vacaciones. Al fin y al cabo, sea para estar juntos o para terminar, "se necesitan dos" -diría mi madre-.
Ellos hacían caso omiso del dicho que anuncia "secreto en reunión es mala educación" porque, como trabajaban juntos, habían decidido que su romance sería top secret. Pero el secreto, además de protegerlos de una cargada eterna y evitarles chusmeríos, les producía una adrenalina difícil de equiparar. Ella lo provocaba mediante comentarios hot vía chat, a tan sólo dos escritorios de distancia. La entusiasmaba ver que él se enrojecía de vergüenza. A él le divertía mandarle mensajes cuando ella faltaba o llegaba tarde, o contarle lo que pasaba durante la hora del almuerzo. Los after office se habían convertido en el coqueteo perfecto: cada quien se retiraba por su cuenta y se volvían a encontrar, tiempo más tarde, en la casa de uno u otro. Muchas veces despertaban sospechas entre sus compañeros, que se disipaban con facilidad, pues nadie se los imaginaba juntos.
El secreto fue sobreviviendo y las mentiras creciendo. Una vez, él había invitado a todos sus compañeros a una reunión en su departamento, ella incluida. La fémina se esmeraba por hacerse la que desconocía completamente el lugar, y lo lograba -por momentos con bastante éxito-. Poco a poco los invitados se iban retirando pero ella y un par más quedaban. Hasta que el cansancio ganó y decidieron retirarse todos, ella también. Mintió una vez más y caminó para otro lado. Esperó en la esquina un tiempito y volvió a la casa de su amado. Y así, quién sabe por cuánto tiempo más hubiesen seguido, de no ser porque una de sus colegas había olvidado el celular en la casa del joven en cuestión y, cuando regresó para buscarlo, los encontró a los besos en el palier.
Un poco menos eufórico, pero igualmente sorprendente. El descubrimiento fue algo así...