miércoles, 17 de abril de 2013

Caos

Vivían en distintos países y ambos eran conscientes de que se atraían lo suficiente como para enloquecer en una noche, pero no tanto como para perpetuar dicha locura. Él era un rockero en todo sentido y, aunque a ella le atraía el rock, su vida era más parecida a una balada. Fue un reencuentro. Ellos habían tenido un affaire un par de años atrás.  Era ella quien estaba de visita esta vez y, en el entusiasmo por verlo, se permitió a si misma que locura y burbujas se le subieran a la cabeza. Por eso, después de una fugaz salida a tomar un trago, aceptó ir al departamento de él.
Al entrar al recinto del joven, el efecto del alcohol que había bebido no le impidió observar la extraña decoración: pilas de cartas -que parecían cuentas por pagar- 'alfombraban' el piso, un sillón adornado por prendas de vestir amontonadas se asomaba en el fondo, seguido por un ventanal sin cortinas y una cómoda que parecía un cementerio de bebidas alcohólicas. Pero era tanto lo que él la atraía, que decidió seguir adelante con la situación, es decir, hacia la habitación. Allí la recibió un placard con las puertas abiertas y cientos de zapatillas de lona que parecían multiplicarse a tal punto, que no podía distinguir si algunas formarían un par. Un colchón tirado en el piso hacía las veces de "lecho", aunque carecía de sábanas. Tal vez ella tuvo la sangre demasiado fría como para dejar de lado tamaño desorden o, tal vez, la situación fue demasiado candente; la cuestión es que ambos lograron consumar su encuentro amoroso. Al día siguiente, la despertaron unas cosquillas en los pies pero, al abrir los ojos, notó que él estaba demasiado lejos y dormido como para ser el intérprete de las mismas...

Cuando la fantasía no tiene cabida... Dirty


(de la serie Friends)

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