jueves, 28 de febrero de 2013

The sound of love

O más bien of making it. Tal vez uno de los placeres más disfrutables de la vida puede convertirse también en el momento más bochornoso. Aunque 'que te escuchen' no es lo grave del asunto, lo terrible es que te lo hagan saber.

Una amiga mía se sabía de memoria los "ay, si, si sí" de su vecino, y cada vez que lo cruzaba en el pasillo o ascensor, 'acababa' por representar ese 'cántico' para sí misma. Otra de mis amigas solía despertar asustadísima en la madrugada porque la cabecera de la cama de sus vecinos repicaba en la medianera. A otra, no se le ocurría mejor idea que bajar el colchón al piso para poder amar a su novio sin 'molestar' a su roommate, ya que ella solía reprocharle a su compañera de departamento que "bajara el volúmen".

Una cuarta amiga no había reparado en los sonidos del amor hasta el día de su despedida de soltera, donde a una tía de su novio se le escapó un "Ustedes ya saben divertirse... ¡Si los habremos escuchado!". Poniendo en evidencia que los domingos al mediodía cuando toda la familia se juntaba a almorzar, resultaba más que obvio que 'los tortolitos' mentían al decir que se quedaban dormidos.

A veces, sobran las palabras (y los sonidos)...

 

(de la película Delicatessen)

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