martes, 12 de febrero de 2013

You make me melt

A veces el amor te hace volar tanto que te provoca ganas de estar cerca del piso. Te hace sentir como un helado al sol: derretimiento instantáneo. Eso es lo que sentía ella por él, se salía de sí misma. Aunque hacía ya varios meses que habían dejado de salir (nunca llegaron a un noviazgo), frecuentaban el mismo grupo de amigos. Así fue como una determinada noche, en una fiesta de cumpleaños, retomaron el histeriqueo. Ella jugaba el papel de superada (cualquier otro le hubiera recordado lo mucho que había llorado cuando él la dejó); a él le tocó el rol de 'banana'. De seguro él sabía lo que provocaba en ella, por eso en un momento se jugó a besarla en plena pista de baile y frente a todos sus conocidos. En ese mismo instante, ella perdió la noción de tiempo y espacio; entró en un mundo de fantasía y por el rato que duró el beso (que a ella le resultó eterno) creyó que su sueño se hacía realidad. Pero el pajarito del orgullo comenzó a picarle la cabeza: recordó su sufrimiento, sus momentos de nostalgia, el sabor amargo que le había dejado esa ruptura... Entonces pregutó a lo Coca Sarli: "¿Qué pretende usted de mi?", aunque él no le dio la respuesta que esperaba. Mientras ella suponía que él diría algo así como "Te amo, no puedo vivir sin vos, quiero que seas mi novia", él se limitó a un "Quiero pasarla bien", pinchándole el globo. "Wrong answer", pensó ella, así que lo dejó solo y se fue a buscar un trago. Cuando retomó el baile, para su sorpresa -nada grata-, él se estaba besando con otra, y ahí sintió que se hacía agua en el piso...

Una imagen vale más que mil palabras -¿Quién no experimentó algo así alguna vez?


(de la película Amélie)

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